Mundial 2026: cómo 48 selecciones y 104 partidos cambiaron los resultados y los pronósticos

Cuadro eliminatorio del Mundial

La Copa Mundial de la FIFA 2026 hizo mucho más que incorporar nuevas selecciones al torneo de fútbol más importante del mundo. Celebrada en Canadá, México y Estados Unidos del 11 de junio al 19 de julio, sustituyó el formato tradicional de 32 participantes por una competición con 48 equipos y 104 partidos. España terminó levantando el trofeo tras derrotar a Argentina por 1-0 en la prórroga, pero el camino hasta aquella final puso a prueba numerosas expectativas. Comparar los resultados reales con los pronósticos anteriores al torneo permite comprender qué cambió con el nuevo formato, qué aspectos permanecieron iguales y por qué predecir un Mundial exige mucho más que identificar a la selección con la mejor plantilla.

Cómo cambió la competición el formato de 48 selecciones

La diferencia fue considerable. Catar 2022 contó con 32 selecciones, ocho grupos y 64 encuentros, mientras que la edición de 2026 reunió a 48 equipos distribuidos en 12 grupos de cuatro, con 72 partidos únicamente en la primera fase. Posteriormente se disputaron otros 32 encuentros eliminatorios, incluido el partido por el tercer puesto, hasta alcanzar un total de 104. La ampliación también permitió participar a 16 países adicionales e introdujo una nueva ronda de dieciseisavos de final. Por tanto, cualquier selección que aspirara a disputar la final debía afrontar ocho partidos en lugar de los siete necesarios con el formato anterior.

También cambiaron las condiciones para superar la fase de grupos. Los dos primeros clasificados de cada grupo avanzaban automáticamente, pero los ocho mejores terceros entre los 12 grupos también obtenían una plaza en las eliminatorias. Un empate que anteriormente podía dejar a una selección prácticamente sin opciones ahora podía contribuir a su clasificación, mientras que una derrota por un margen reducido podía resultar menos perjudicial que una goleada. En consecuencia, los analistas debían considerar los resultados de otros grupos, las posibilidades de acceder como tercero y la incertidumbre sobre un rival que quizá no se conocería hasta que concluyeran otros encuentros.

El aumento de participantes también incorporó una mayor variedad de estilos de juego y niveles de experiencia internacional. Cuatro selecciones debutaron en una Copa del Mundo: Cabo Verde, Curazao, Jordania y Uzbekistán. Algunos debutantes afrontaron enfrentamientos especialmente difíciles, como ocurrió con Curazao en su derrota por 7-1 ante Alemania. Sin embargo, el torneo ampliado no se limitó a ofrecer partidos sencillos a los favoritos. Egipto consiguió puntuar frente a Bélgica y la República Democrática del Congo empató contra Portugal. La expansión permitió observar sobre el terreno de juego enfrentamientos que anteriormente habrían sido mucho menos probables.

Por qué la lucha por el tercer puesto complicó los pronósticos de la fase de grupos

Cabo Verde ofreció el ejemplo más representativo. Encuadrado junto a España, Uruguay y Arabia Saudí, el debutante empató 0-0 con la futura campeona en su primer encuentro. Posteriormente, un 2-2 frente a Uruguay y otro empate sin goles contra Arabia Saudí le permitieron terminar invicto, con tres puntos en tres partidos. Sorprendentemente, esa puntuación fue suficiente para ocupar la segunda posición del Grupo H, por delante de Uruguay y Arabia Saudí. Cabo Verde incluso llevó a la vigente campeona, Argentina, hasta la prórroga en los dieciseisavos de final, aunque finalmente perdió por 3-2.

La experiencia de Irán mostró la otra cara del sistema de clasificación. Sus tres empates frente a Nueva Zelanda, Bélgica y Egipto también le permitieron terminar invicto, pero ocupó la novena posición en la clasificación de terceros y quedó eliminado. Mientras tanto, Uruguay llegó al Grupo H con un historial internacional considerablemente más destacado que el de Cabo Verde, pero se despidió del torneo tras empatar contra Arabia Saudí y Cabo Verde y perder frente a España. La posición dentro del grupo, los goles marcados y recibidos y los resultados registrados en otros grupos podían determinar el desenlace.

Para quienes elaboran pronósticos, la principal enseñanza consiste en distinguir entre las probabilidades de ganar un encuentro y las posibilidades de superar la fase de grupos. Una selección puede clasificarse con tres empates, mientras que otra puede permanecer invicta y quedar eliminada. Incluso los pronósticos que identifican correctamente al equipo más fuerte de un grupo pueden fallar al determinar el segundo clasificado o el orden definitivo. Las nuevas reglas aumentaron las posibles vías de acceso a las eliminatorias, pero eso no significa que todos los participantes tuvieran las mismas posibilidades de avanzar.

Qué revelaron los resultados del Mundial 2026 sobre favoritos y selecciones menos esperadas

La selección dirigida por Luis de la Fuente terminó el torneo con siete partidos sin encajar goles en ocho encuentros y recibió únicamente un tanto, durante su victoria por 2-1 contra Bélgica en cuartos de final. España derrotó a Portugal por 1-0 en octavos, a Francia por 2-0 en semifinales y a Argentina por 1-0 en la final, gracias a un gol de Ferran Torres en el minuto 106. Sin embargo, también había comenzado su participación con aquel empate sin goles frente a Cabo Verde. Su trayectoria demostró tanto la importancia de mantener una defensa sólida durante varias semanas como el riesgo de interpretar un resultado sorprendente como una señal definitiva de que un favorito ya no puede conquistar el título.

Otras grandes selecciones tuvieron desenlaces mucho menos favorables. Alemania comenzó con una victoria por 7-1 frente a Curazao, pero cayó eliminada ante Paraguay en la tanda de penaltis después de empatar 1-1 en dieciseisavos de final. Países Bajos ganó el Grupo F y marcó diez goles en sus tres encuentros iniciales, pero Marruecos consiguió igualar su primer partido eliminatorio en los últimos minutos y terminó imponiéndose en los penaltis tras otro empate 1-1. Estas eliminaciones no significaban que Alemania o Países Bajos carecieran de calidad; demostraron que una gran actuación en la fase de grupos ofrece muy poca protección cuando cada partido posterior resulta decisivo.

Brasil llegó a octavos de final, pero perdió por 2-1 ante Noruega, que posteriormente obligó a Inglaterra a disputar la prórroga antes de caer por 2-1 en cuartos. Egipto avanzó más lejos que en cualquiera de sus anteriores participaciones mundialistas, eliminando a Australia en los penaltis antes de perder por 3-2 contra Argentina después de haber llegado a ponerse 2-0 por delante. La actuación colectiva del fútbol africano fue especialmente destacada: nueve de sus diez representantes alcanzaron los dieciseisavos de final. Estos resultados no demuestran que la ampliación fuera la única causa de semejante rendimiento, pero sí confirman que la competición ofreció a más selecciones clasificadas la oportunidad de demostrar su nivel.

¿La nueva ronda eliminatoria aumentó realmente la incertidumbre?

La incorporación de los dieciseisavos de final obligó a cualquier aspirante al título a superar cinco partidos eliminatorios en lugar de cuatro, contando la final. Incluso una selección potente, con grandes probabilidades de ganar cada enfrentamiento individual, no podía eliminar el riesgo acumulado de sufrir una sorpresa. Esta diferencia resulta fundamental al interpretar los pronósticos: un equipo puede partir como favorito en todos los partidos que probablemente disputará sin tener por ello una probabilidad abrumadora de proclamarse campeón. Un cuadro favorable ayuda, pero no elimina las lesiones, un error defensivo aislado o la posibilidad de llegar a una tanda de penaltis.

Una investigación publicada por la Universidad de Samford en julio de 2026 permite contextualizar esta situación. Tras realizar 30.000 simulaciones de torneos con cada formato, el estudio determinó que las cuatro selecciones mejor valoradas ganaban el 67,3 % de los títulos con las reglas de 32 participantes y el 64,4 % con las de 48. El número de sorpresas en las eliminatorias aumentaba de aproximadamente cinco a 9,6 por torneo, principalmente porque se disputaban más enfrentamientos decisivos. Sin embargo, la proporción de resultados inesperados por partido eliminatorio disminuía ligeramente, del 33,4 % al 31,0 %.

También sería engañoso atribuir cada marcador inesperado al nuevo formato. Con partidos distribuidos entre 16 ciudades anfitrionas, los desplazamientos, los tiempos de recuperación y las decisiones tácticas variaron considerablemente entre las selecciones. Los resultados de 2026, por sí solos, no permiten establecer con exactitud cuánto influyó cada uno de esos factores en un encuentro determinado. Lo que sí puede afirmarse es que añadir otra eliminatoria creó una oportunidad adicional para que un favorito quedara fuera. Esto resulta especialmente importante para los pronósticos realizados antes del sorteo o antes de conocerse las clasificaciones definitivas de los grupos, cuando todavía existía incertidumbre sobre la secuencia completa de posibles rivales.

Cuadro eliminatorio del Mundial

¿Qué precisión tuvieron los pronósticos del Mundial 2026?

Algunos de los principales modelos acertaron el resultado más importante. Antes del torneo, el superordenador de Opta identificó a España como la selección con más probabilidades de proclamarse campeona, asignándole un 16,1 % de posibilidades después de realizar 25.000 simulaciones. Francia, Inglaterra y Argentina también figuraban entre los principales candidatos, y las cuatro selecciones terminaron alcanzando las semifinales. Sin embargo, aquel 16,1 % significaba que, aproximadamente en 84 de cada 100 escenarios simulados, el título lo conquistaba otro equipo. Por eso, un pronóstico debe entenderse como una estimación de posibles resultados, no como una promesa de que la selección mejor situada necesariamente ganará.

Al observar algo más que la identidad del campeón, aparecen varios ejemplos de confianza excesiva. La evaluación de Opta anterior al torneo concedía a Uruguay un 84,3 % de probabilidades de avanzar desde el Grupo H, pero la selección uruguaya quedó eliminada, mientras que Cabo Verde, que partía con expectativas mucho más modestas, terminó segundo. Alemania y Países Bajos también abandonaron la competición mucho antes de lo que sugerían sus actuaciones en la fase de grupos. Estos resultados recuerdan que un pronóstico puede estar razonablemente fundamentado antes del inicio de un partido y, aun así, resultar incorrecto. La cuestión es determinar si el grado de confianza asignado estaba justificado al analizar muchos pronósticos, en lugar de juzgarlo únicamente por una sorpresa especialmente recordada.

Una evaluación publicada por ACE Laboratory en agosto de 2026 comparó distintos modelos con las clasificaciones definitivas del torneo. Su modelo más sencillo, denominado «Classic», obtuvo una puntuación de probabilidad por clasificación de 0,0732, ligeramente mejor que el 0,0744 registrado por el modelo «Ensemble»; en esta medición, los valores más bajos indican pronósticos más próximos a la progresión real de las selecciones. Los investigadores advirtieron que, con la información proporcionada por un único torneo, no era posible distinguir con suficiente confianza la mayoría de las diferencias. Su aportación más útil fue práctica: el método que mejor responde a las sorpresas de las primeras rondas no tiene por qué ser el mismo que identifica con mayor precisión a los futuros finalistas.

Qué enseñó el primer Mundial de 48 selecciones sobre la elaboración de pronósticos

Los futuros pronósticos deberían considerar la clasificación, los resultados individuales y la identidad del campeón como cuestiones diferentes. Para evaluar la fase de grupos, conviene analizar a cada rival, las posibles puntuaciones y las distintas vías de clasificación disponibles para los terceros, en lugar de dar por hecho que una selección histórica avanzará automáticamente. La trayectoria de Cabo Verde demostró por qué merece la pena prestar atención a equipos menos conocidos, mientras que la recuperación de España tras su empate inicial confirmó que un único resultado no debería modificar por completo una valoración equilibrada de las capacidades de un candidato al título.

Los porcentajes ofrecen más información que las etiquetas que transmiten una seguridad excesiva. Una probabilidad del 70 % implica que el resultado contrario sigue siendo posible aproximadamente tres de cada diez veces; no convierte automáticamente una sorpresa en un fallo estadístico. Por esta razón, la precisión debe evaluarse considerando grupos, rondas y selecciones, en lugar de juzgarla exclusivamente por haber identificado al campeón. También es importante diferenciar las cifras procedentes de simulaciones de lo que realmente ocurrió: un estudio basado en Mundiales hipotéticos permite estimar cómo podría influir un formato en el riesgo, pero no demuestra que las reglas provocaran una derrota concreta.

El segundo título de España confirmó la importancia de la calidad de la plantilla y de la regularidad defensiva, mientras que la fase de grupos invicta de Cabo Verde, el progreso de Egipto y las eliminaciones tempranas de Alemania y Países Bajos complicaron las predicciones más evidentes. Con 48 selecciones y 104 partidos, el cambio más importante no fue que el fútbol se volviera imposible de pronosticar. La verdadera diferencia estuvo en la mayor cantidad de resultados relevantes que interpretar, las nuevas posibilidades de clasificación que analizar y un obstáculo eliminatorio adicional entre el equipo considerado favorito y la conquista del trofeo.